martes, 1 de diciembre de 2015

EL LENGUAJE OCULTO DE LAS PINTADERAS CANARIAS









Los habitantes nativos de Gran Canaria emplearon una suerte de lenguaje escrito basado en símbolos cuyos significados es mucho más profundo que la de meros objetos de decoración, en las llamadas "pintaderas".

Fabricadas en barro cocido con aparente forma de sellos y presentes en yacimientos de toda la isla, con antigüedades que van desde el siglo I hasta el XVII, las pintaderas presentan un número limitado de dibujos que se repiten en varias latitudes, lo cual contradice la idea tradicional de que eran escudos de familia, conforme a recientes investigaciones.

La tesis aceptada durante décadas de que esas piezas estaban destinadas a marcar graneros u otras instalaciones para dejar claro que eran propiedad de quien les ponía su sello, son el producto de querer interpretar nuestro pasado nativo fijándose en investigaciones de otras comunidades humanas del mundo; una tendencia que siempre viene dada por el escaso conocimiento de nuestra cultura ancestral.

Con frecuencia se decía que cada pintadera era única, pero con los análisis técnicos se ha visto que esto no es así, que se están repitiendo continuamente los mismos dibujos.

Estas piezas forman parte de una estrategia de comunicación visible, un lenguaje, basado en códigos que se reiteran a lo largo del tiempo y del espacio.





Pintaderas con los mismos símbolos se han hallado en asentamientos nativos ubicados en las cercanías del litoral, como el de Caserones del municipio de La Aldea; en las medianías, como El Tejar de Santa Brígida; y hasta en la cumbre, como Solana del Pinillo, en Tejeda.

Las mismas imágenes se reproducían, en otros soportes, desde pequeños bolsos de cuero u otros materiales a paredes en las que se han localizado pinturas rupestres.

Todo ello apunta a que las pintaderas debieron ser elementos que formaron parte de la cotidianeidad de las sociedades nativas, generación tras generación a lo largo de muchos siglos y que podrían cambiar la visión de su uso, más que como adorno o sellos, como un lenguaje matemático que tendría que ver con elementos de conocimiento y donde la mujer tendría un papel preponderante en la trasmisión de esta enseñanza, como depositarias del conocimiento espiritual, aplicadas a la vida cotidiana de las poblaciones nativas.






A este respecto, el investigador José Espinel Cejas nos da su hipótesis basada en el trabajo realizado durante 25 años, que refuerzan a las pintaderas con un código de cultura social :

“En mi opinión sus motivos decorativos son registros aritméticos y geométricos que representan cifras, cálculos astronómicos e, incluso operaciones complejas y señas y formulaciones para recordar...

El problema es que las pintaderas no se han abordado en profundidad, contando sus elementos, comparándolos entre sí e intentando desentrañar sus coincidencias, sus motivos, sus conjuntos, ritmos, frecuencias, cifras, progresiones, etc... 

Y es más que probable que estas respondan a necesidades de supervivencia como son la de gestionar la economía agropecuaria a partir del control del tiempo (calendario) para poder planificar la producción de manera inteligente, eficaz y sostenible, tal y como ocurre en los registros aritmogeométricos de algunos vasos cerámicos y en los dameros de juego que encontramos en Canarias”.




Otro dato interesante es el que se desprenden de los últimos análisis, efectuados a las piezas disponibles, constatan que éstas eran elaboradas en unas y otras épocas por artesanos especializados en su producción y no por particulares que se fabricaban cada uno las suyas, como se pensaba en tiempos pasados.


A día de hoy las pintaderas, junto a los motivos con las que están confeccionados, siguen proyectando de manera sutil el conocimiento para las que fueron hechas por nuestros antiguos.




sábado, 11 de julio de 2015

Los bailes brujeriles en Canarias









En Canarias el fenómeno de la brujería ha estado fuertemente arraigado en nuestras comunidades. Son parte fundamental para comprender las confluencias de las creencias nativas con las que importan los colonos después de la conquista de las islas. La iglesia católica se aplica con celo a erradicar las creencias nativas, muchas de ellas practicadas por las Maguadas (mujeres sagradas) y que las autoridades eclesiásticas intentaron demonizar por el carácter matriarcal de los antiguos, confiriendo a las sacerdotisas nativas la categoría de brujas y su conocimiento de los ciclos naturales así como el de las plantas, como hechiceras;  y sus lugares de culto como las Guácaras (Plazas ceremoniales), señalados como los lugares donde iban a realizar sus bailes, de ahí que en Canarias muchos de estos lugares sagrados nativos sean cono conocidos como “Bailaderos de brujas”.

El periodo de más procesos brujeriles en Canarias, está comprendido entre los años 1550 y 1750, donde la Inquisición se aplicó en erradicar toda práctica que las mujeres llevaran a cabo y que para ellos tuvieran connotaciones malignas. En todo caso, en Canarias en relación a la Inquisición, fue más laxa en los procesos contra brujas, pues más allá de los castigos físicos, penas de cárcel, exposición pública con el San Benito, no se produjeron quemas en hoguera.

Otra particularidad dentro del folclor brujeril de Canarias, es la diferenciación entre brujas y hechiceras. La primera representa el mal encarnado por las mujeres en sus máximas expresiones, pero que a su vez cumplen una función moralizadora dentro de las sociedad; la bruja, puede ser benévola o maliciosa según la integridad moral de quien tenga la desgracia de encontrárselas en los caminos  y las segunda cumplían una labor social en lo relativo a desentrañar el futuro por artes adivinatorias, hechizos para conseguir los amores y curación por medio de plantas medicinales.

 LOS RITMOS Y CANTOS DE LOS BAILES DE BRUJAS

El rico patrimonio folclórico en torno a los bailes de brujas realizados en muchos lugares de las islas, es una manifestación de las danzas realizadas por las sacerdotisas nativas y que ya fue motivo de interés de estudiosos del folclore canario, como el caso de Lothar Siemens Hernández, que ya apunta a una vinculación de los bailes brujeriles con ritos de los antiguos canarios. Las danzas y cantos ejecutados por las Maguadas son, curiosamente, repetidos posteriormente por las brujas. Los zapateos y palmas son el elemento más común en estos bailes, que acompañados por canciones, sirven para la realización del cometido por las brujas y en casi todos, tiene una gran carga de erotismo, disimulado en las letras que aún pervive en nuestro folclor.




Si bien es cierto que los bailes son ejecutados por mujeres, hay testimonios que apuntan a bailes de brujas donde tomaron parte hombres, y que curiosamente la oralidad les señala como “afeminados” un dato que contrasta con los bailes de Maguadas donde también podían participar los Temia (afeminado) aceptados por las comunidades nativas como mujeres que vivian su existencia en el cuerpo de un hombre.

La tradición oral se dice que la reunión de las brujas en los lugares donde preparan sus fechoría y su posterior baile, presidido por el diablo se realiza a las doce en punto de la noche y que el baile se realiza después de que llegue el ángel de las tinieblas, a las tres y media de la mañana. 



 

En el Realejo alto recogimos hace años la formula con la que se saluda al diablo cuando hace su aparición:

“Seas Bienvenido Reverendo macho de cuerno torcido, cuantos jaramagos te habrás comido”.

Por otro lado, nos encontramos a las brujas bailando en otros escenarios diferentes al de los tradicionales bailaderos, siendo éstos las calles de la ciudad y el interior de las casas. Este tipo de baile es completamente diferente a las danzas realizadas por las brujas en los lugares que tienen al efecto, y se caracteriza porque, en la mayoría de los casos, son tres las mujeres que bailan, siendo característico que una de ellas sobresale y siempre le hace el son a las otras dos.

En los procesos Inquisitoriales, se recoge abundantes testimonio de estos bailes en las calles y casas de las ciudades de Gran Canaria, como Telde y las Palmas o en  Tenerife, La Laguna y La Orotava o los que nos relataba una señora en el barrio de Duggi que oyó decir a sus mayores como a principios del siglo 20 las brujas bailaban dando brincos y palmadas, desnudas a la luz de la luna, encima de unos amontonamientos de piedras, conocido por el Monturrio la siguiente canción:

“Pámpano verde, racimo de moras, ¿quién ha visto danzar damas a estas horas? ¡Nosotras que semos dueñas y señoras!”.






Como ejemplo,  la testificación siguiente sobre estos casos de bailes de brujas en ciudades, fue recogida el 5 de marzo de 1674, declarando ante el comisario de la Inquisición de la ciudad de La Laguna en Tenerife, Isabel Espinosa y Anguiano, doncella, quien dijo lo siguiente:

“... denuncio a doña Jacobina de Ocampo y Huesterlín, viuda del licenciado don Bernardo Lezcano, vecina de esta ciudad; y es el caso que estando de visita en casa de esta que denuncia doña Ana de Ascanio, viuda... habrá tiempo de un año... le contó cómo le había dicho don Juan de Vargas, ya difunto, que cuando iba camino de su casa a media noche
por la Pila Seca, que vivía junto a la Concepción, encontró una danza de mujeres con panderillos y velitas encendidas, y que al entrar por su puerta le dijo un clérigo, que no le dijo el nombre: «Buena fiesta ha tenido Vmd. en su casa esta noche», porque el tal clérigo vivía cerca de dicho don Juan; y que el dicho don Juan, al otro día, preguntó a Beatriz  Suárez, por ser su conocida, que le dijese si había conocido a las brujas de las danzas, y que tal le dijo que una de ellas era la dicha Jacobina de Ocampo y Huesterlín”.



 Los bailes que tienen lugar dentro de las casas, se caracterizan porque solamente es una bruja la que baila. La finalidad de este baile radica en la invocación al demonio, mediante conjuros, para lograr un determinado objetivo.

 El baile practicado en recintos cerrados, no sólo se realiza para lograr el amor de un hombre, sino también para invocar al demonio, como se desprende del siguiente caso acaecido en la isla de Tenerife, la bruja se llama Juana “La de los Lunares” y acompaña el conjuro con zapatazos.

“... se paseaba en ella e iba a las cuatro esquinas de dicha casa por la parte de dentro, y en cada una de ellas, desnuda de la cintura arriba y los cabellos tendidos, decía: ¡Añasco, caballero bien pulido y bien calzado, ven aquí que te llamo yo, que Margarita está afligida!, y escupía tres veces en el suelo y daba tres patadas en cada dicha esquina. Preguntándole para qué hacía aquello, contestó: Para que venga el demonio, que yo le veo, aunque tú no lo ves”.

La bruja que ejecuta este tipo de baile permanece parcialmente desnuda, aunque también se efectúa de una forma total, y el conjuro lo realiza en las cuatro esquinas de la habitación, escupiendo antes de dar el zapatazo y la palmada, elementos éstos que se ejecutan al terminar el conjuro para reforzarlo.

Para finalizar, nombraremos uno de los bailes que se atribuyen a las brujas más conocidos en Canarias. El conocido como “Baile del gorgojo” y que tiene su origen en danzas nativas a la fertilidad.

El baile del gorgojo consistía en que las mujeres, una vez que torcían las dos puntas de sus enaguas entre las piernas en forma de pantalón, se colocaban en fila y de cuclillas frente a otra hilera de hombres en igual postura, cuya finalidad era la de terminar, hombres y mujeres revueltos en el suelo al perder el equilibrio por el aumento frenético del compas que imprimían al baile los tocadores. Con las primeras notas de los músicos, comenzaban los danzantes a dar saltos en cuclillas, mientras se cantaban las siguientes estrofas que constituyen la canción del baile del gorgojo:

“El gorgojo está en la peña donde está me jase señas, que me vaya, que me vaya, que me vaya a dar con ella.

El baile del gorgojito, se baila de cuclillas, doblándose las rodillas y de brinquito en brinquito. Anoche te picó un grillo, yo creí que era un gorgojo, anoche no lo cogí, pero esta noche si lo cojo.

Mi gorgojo está entre peñas, desde allí me jase señas, que vaya de aquí a un poquito a bailar con mi gorgojito”.





lunes, 18 de mayo de 2015

El tributo de sangre de las Islas Canarias




Puerto de Santa Cruz de Tenerife

Tributo de sangre es la denominación popular que recibió la decisión de la corona Española mediante La Real cédula de 25 de mayo de 1678, en la obligación a la población de las Islas Canarias de enviar cinco familias para poblar las posesiones coloniales españolas en el continente americano y el Caribe, por cada cien toneladas de mercancías que llevaran los barcos que tocaban puerto las islas. Si bien esta decisión, en principio, fue ejecutada con la promesa de tierras y un futuro prometedor, se torno en uno de los episodios más duros de la historia de las islas, al obligar a familias enteras a emigrar con amenazas, ante la falta de voluntarios para cumplir los cupos de mercancía de las autoridades coloniales, que no querían perder los privilegios que le reportaba esta medida.


Cartel conmemorativo de los canarios llegados a la Louisiana

Para cuando se abolió el tributo de sangre en 1778, el número de familias canarias obligadas a emigrar a las otras colonias en América y el Caribe, superó el número de familias estipuladas por el reglamento antes mencionado.

Albert Estopinal, congresista por Louisiana, descendiente de canarios

En 1684, fueron embarcadas las primeras familias canarias a América a través del tributo de sangre, habiendo llegado en ese año 97 familias a La República Dominicana.


Mapa de San Antonio de Texas y del fuerte El Alamo

La emigración hacia América estuvo prohibida para los naturales de Canarias desde 1574, para impedir la despoblación de las islas; pero a partir de la crisis agraria de finales del siglo XVII y las políticas coloniales desastrosas  con respecto a Canarias, se percibieron signos de superpoblación y pareció oportuno recurrir a la emigración forzosa para impedir por parte de la corona y autoridades coloniales, las revueltas de una población atenazada por la pobreza y el feudalismo.


El efecto fue significativo y contribuyó a consolidar la presencia de la corona española en aquellas áreas de las colonias americanas y caribeñas, amenazadas por potencias que rivalizaban con España por esas posesiones como fue Portugal, que desde el sur de Brasil amenazaban la región del Río de la Plata, o Inglaterra y Francia en las áreas al norte del río Grande y en el golfo de México y en el Caribe. La fundación de ciudades como Montevideo o San Antonio de Texas o las repoblaciones llevadas a cabo en Cuba, Puerto Rico, la República Dominicana y el delta del río Misisipi, son pruebas de la importancia que España puso en reafirmar sus derechos coloniales, frente a otros países, repoblándola con familias procedentes de las Islas Canarias.


Juan Leal Goraz, canario, primer alcalde de San Antonio de Texas


En la actualidad, en algunas áreas del delta del río Misisipi y el estado de Texas, continúan viviendo el grueso de descendientes de las familias obligadas a emigrar en el siglo XVIII, donde siguen con orgullo, conservando la memoria de sus antepasados canarios. 


Muchas de estas familias canarias contribuyeron con su esfuerzo al progreso de las nuevas tierras a las que fueron llevados, donde se forjaron el apelativo de “isleños”, sinónimo de mujeres y hombres de marcado carácter contra la adversidad.