lunes, 19 de marzo de 2012

LA CONSTELACION DE VIRGO Y EL CULTO A LA DIOSA MADRE

Costelación de Virgo


Orígenes paganos para un culto a la Virgen María

Las observaciones astronómicas y las ideas religiosas relacionadas con ellas comenzaron antes de la época en el que Tauro era la constelación del primer mes de la primavera aproximadamente entre el 4.300 y el 2.100 antes de nuestra Era. El solsticio de verano de esta época tenía lugar en la constelación de Virgo a la que los antiguos sumerios tributaban una adoración especial, junto a la estrella más brillante de esta constelación, la Spica (espiga) por estar a la misma vez en el cenit de la vía láctea. Con el nombre de Ishtar, los babilonios rindieron culto a la que consideraban reina de los cielos a la par que madre de dioses, seres humanos, animales y plantas siendo posteriormente el origen de los cultos a otras diosas en diferentes culturas como la egipcia Isis, la cartaginesa Tanit o la católica Virgen María, con las mismas connotaciones religiosas de ser madre, virgen y precursora de la fertilidad al mismo tiempo y a la constelación de Virgo como su representación celeste.

El culto católico no fue ajeno a estas influencias religiosas en relación a la astronomía. Hay distintas pruebas que demuestran la dependencia del culto católico en general respecto a los fenómenos que ocurren en la bóveda celeste y con el culto de María en particular en correlación con la constelación de Virgo. En relación al culto mariano, hace mas de mil años que los católicos celebran el 8 de septiembre como el nacimiento de María y el 15 de agosto, la asunción a los cielos y tiene su origen en el ocaso y el orto heliaco de la estrella Spica (Alfa Virginis) en aquella época y por tanto su explicación debe ser buscada en los acontecimientos astronómicos ya existentes en época anterior al cristianismo y a la manifiesta costumbre católica de adoptar las antiguas festividades de distintas culturas del Oriente Próximo incorporándolas a su calendario religioso.

El 8 de septiembre del calendario juliano era el día en que la estrella Spica, la estrella más brillante de la constelación de Virgo, se desprendía de los rayos del Sol después de no ser vista durante cuarenta días, por lo que aquel día tenía lugar su “nacimiento”. El día de la Asunción de María (el de su muerte) fue fijado en época cristiana, siguiendo el ejemplo de la Ascensión del Señor. El emperador bizantino Mauricio lo estableció oficialmente en el año 582 n.e. siendo más tarde adoptado por la Iglesia romana. Aunque, casi doscientos años antes, el Calendarium Romanae eclessiae menciona ya el 15 de agosto como día de la asunción de María a los cielos, fijándola como festividad en la época del concilio de Éfeso en el año 431 n.e. con lo cual, la desaparición de la estrella Spica el 15 de agosto como día del ocaso heliaco tendría que haber ocurrido y ser observado allá por el año 400 n.e. haciendo que esta fecha, el 15 de agosto, fuera elegida como la muerte y su asunción a los cielos de la Virgen María.

Lo que nos lleva a pensar que los días de festividad del culto mariano, el nacimiento y ascensión a los cielos, han sido establecidos basándose en fenómenos ocurridos en la bóveda celeste referidos a la constelación de Virgo y a su estrella más visible Spica, de la que los cristianos del primer milenio de nuestra Era tenían plena conciencia de fundamentarse en fenómenos astronómicos y de un conocimiento mucho más antiguo, al decretar su culto a la Virgen María adaptándolo a su corpus de creencias.

Canarias y el adoctrinamiento mariano

En muchas localidades de las Islas Canarias, se proclaman en el mes de septiembre festividades en honor a la Virgen María en sus distintas manifestaciones iconoclastas. A la celebración de estas ceremonias se le pueden rastrear su origen nativo, no solo en sus múltiples demostraciones de fervor popular, sino como indicamos anteriormente la elección de las fechas del 15 de agosto y 8 de septiembre vuelven a estar presente en mucha de ellas, aunque como veremos más adelante, el culto católico no hizo más que revestir bajo el calendario juliano, cultos que podrían tener una conexión lejana en conocimientos de las cuestiones celestes.

La culminación el 15 de agosto en las festividades del Beñesmer con la peregrinación a los santuarios nativos para rendir culto a la fertilidad eran precedidas de otras festividades también de carácter sagrado. En las comarcas al sur de la isla de Tenerife, la tradición oral nos revela que justo después del Beñesmer la aparición de una estrella bastante visible a la que llamaban “Sumsa” la cual determinaba la costumbre de llevar a las cabras en edad fértil a ciertos lugares para darles de beber agua que contenían  ramas de Tilo, rito que se llevaba a cabo, para predisponer a las cabras a ser cubiertas; esta tradición se seguía realizando hasta los años 60 del pasado siglo en el sur de la isla el 8 de septiembre.

Otra costumbre, relacionada con esta misma fecha, nos la dio a conocer Seña María Armas de 95 años vecina del Poris de Abona en una entrevista que le realizamos en 1998. Nos contaba Seña María que en los años 40 del pasado siglo existía la usanza de irse desde que ella tenía memoria, el 8 de septiembre celebración de la Virgen del Poris, las muchachas en edad de “merecer” y que todavía eran mozas a bañarse en una fuente donde había un machango de madera de Tilo que ellas llamaban Chamato. En esta celebración le estaba prohibido a los varones acercarse donde ellas se bañaban y que estos permanecían cientos de metros más abajo bañándose en los charcos que caían desde la fuente. Desgraciadamente nos relataba nuestra entrevistada, el cura del pueblo prohibió estas mañas por atentar contra la moralidad y ser prácticas paganas.

Es muy plausible que celebraciones como la que nos describía Seña María Armas fueran muy comunes en la isla de Tenerife, en épocas más o menos recientes del pasado siglo. Hay constancia, que en el convento de las concepcionistas-franciscanas del pueblo de Garachico, se venera a una imagen bajo la advocación de Nuestra Señora de La Luz, que según la tradición apareció en el Malpaís de Isora (Guía de Isora) en 1570 y que es igual a otra, ya desaparecida, encontrada en el pueblo de Arico por las mismas fechas. Según nuestras investigaciones, esta imagen es un palo de madera de Tilo de unos 20 cm de longitud, que concuerda con los Chamatos que nos describía Seña María Armas.

Actualmente esta imagen hoy en día, para todo aquel que quiera constatarlo en dicho convento, está adornada con ropajes para borrar su “pasado” como deidad nativa. Evidentemente los procesos evangelizadores llevados a cabo por los frailes franciscanos no solo consistieron en la implantación de imágenes como la de la Virgen de Candelaria en Tenerife o como la de la Virgen del Pino en Gran Canaria, haciendo uso del conocimiento de las divinidades femeninas de su mundo mágico-religioso y de los cultos nativos, sino que también, intento solapar sus festividades a la Virgen María, incluso llegando, como comentamos más arriba, a tratar de caracterizar las representaciones de las deidades femeninas nativas al nuevo culto tras la conquista militar de la isla; aun así habría que preguntarse si en el resto de las islas también se trató de cambiar los cultos y ceremonias antiguas acorde a su Magna Mater o Virgo Coelestis, heredadas de vetustas celebraciones paganas.

jueves, 8 de marzo de 2012

Canarias Territorio del Misterio



                                                         


José Gregorio Glez. Foto: Alex Rosa






Hoy quería hablar de mi amigo y compañero José Gregorio; por dos razones, por que recientemente ha publicado su nuevo trabajo literario y porque es mi amigo. Conozco a José Gregorio desde hace 17 años. Ya por esa época, el andaba siguiéndole la pista a los hechos insólitos de Canarias del que había quedado prendado de curiosidad y yo, buscando la huellas de la memoria de nuestros antiguos. Desde que me invitara a incorporarme al proyecto radiofónico del mítico programa de “Esencia de Medianoche” nació una solida amistad que el tiempo y las distintas situaciones de este camino que llamamos vida, se encargaron de consolidar.



Como profesional puedo dar fe de su esmerado y preciso trabajo de investigación que hay detrás de cada caso. Es un investigador y comunicador nato que nunca deja cabos sueltos en los cientos de temas indagados, junto a la justa distancia que toma a la hora de comunicar las conclusiones a las que nos llevan los temas investigados.  En su otra faceta, la de amigo y compañero, no puedo sino decir que toma (afortunadamente) menos distancias. Siempre está ahí cuando uno lo necesita, con su consejo acertado y su paciencia desmedida donde otros la perdemos, junto a su capacidad de seguir contemplando estas temáticas con la misma curiosidad de juventud.


En todo este recorrido hemos vivido junto a otros compañeros, investigaciones y trabajo arduo, mientras hacíamos lo que más nos gusta; investigar las muchas y variadas historias que a lo largo y ancho de nuestra geografía insular podemos encontrar sobre fenómenos extraños, historia y leyendas constatando de primera mano el inmenso caudal de casos que se dan en Canarias. José es una apasionado de su trabajo, que no es otra que la de comunicar todas estas temáticas de lo insólito y extraño, lo que le ha llevado a escribir varios libros que han sido éxitos de ventas en Canarias y una sección el periódico El Día “Claves del Camino” que lleva más de dos décadas de artículos, con un lenguaje que lo hacen comprensible y cercano, no solo para quien de estos temas conozca, sino para aquellos también que de alguna manera se acercan por primera vez a estos asuntos.




Portada del libro


 Canarias Territorio del Misterio

 A pesar de que hay quien pueda pensar lo contrario, los hechos inauditos de nuestras islas, son parte importante de nuestro acervo cultural y que en muchos casos están ligados, a los acontecimientos importantes de estas temáticas que quedan en la oralidad de los habitantes de nuestros pueblos. Incluso incontables de ellos, tienen lugar en los enclaves mágico-religiosos de los antiguos canarios. Este nuevo trabajo cumple la función de preservar, cuando no de rescatar del olvido, esa “otra” historia de nuestro archipiélago.


 Por otro lado, se engañaran quienes piensen que este nuevo libro es una prolongación o complemento de otros libros publicados por José Gregorio. Conozco muchos de los temas que se recogen en el mismo, siendo casos netamente inéditos para la inmensa mayoría del público. A través de sus páginas, prologado por Iker Jiménez y editado por CSB, José Gregorio nos sumerge en hechos lugares y personajes que han tenido una relevancia importantísima en sucesos de estas características en Canarias y que por distintas causas se pierde su rastro en las brumas del olvido. Como nos comenta José, la lista de casos son interminables y ha quedado con la sensación de que muchos otros temas han quedado fuera por motivos de espacio y que abre la posibilidad para futuros trabajos literarios.


Estoy convencido que las distintas historias que se recogen en el libro, que a día de hoy va por su segunda edición, lo harán imprescindible para todos aquellos que quieran conocer la “otra” historia de nuestras islas, la cual no dejará de fascinarlos. También estoy seguro que las nuevas investigaciones y proyectos televisivos en los que nos encontramos inmersos, darán a nuestro amigo y director, suficientes temas para futuras publicaciones con Canarias como protagonista de lo extraño.


Para obtener más información de la obra pueden consultarlo en los siguientes enlaces:
Pagina Web:
Facebook:
https://www.facebook.com/pages/Canarias-Territorio-del-Misterio/313073565405021

                                                                    Fernando Hernández González

miércoles, 7 de marzo de 2012

Pedro Gonzálvez el "hombre lobo" de Tenerife.


Imagen de Pedro Gonzálvez, retrato expuestos en el castillo de Ambras (Alemania)




 "El salvaje gentilhombre de Tenerife; la singular historia de Pedro González y sus hijos”, con este sugerente titulo el escritor e investigador Roberto Zapperi, nos presenta su libro, de la Editorial Zech, donde nos narra la asombrosa vida de Pedro González “Salvaje” y su familia. Semanas después de la muerte del rey francés Francisco I en 1547, le sucede en el trono Enrique II. Entre los numerosos regalos por su coronación, recibe uno muy curioso, un niño de aproximadamente 10 años, aquejado de una enfermedad desconocida en aquella época la “Hipertrichosis”, que se caracteriza por un crecimiento anómalo del vello en el ser humano. La llegada del muchacho a la corte parisina, fue todo un acontecimiento, por la curiosidad que despertaba su enfermedad, que le conferían rasgos “animalescos”.

Giulo Alvarotto enviado diplomático del rey de Italia en la corte francesa en esas fechas, lo describe así, “Su cara y su cuerpo esta recubierta por una fina capa de pelo, de unos cinco dedos de largo (9 cm.) y de color rubio oscuro, mas fina que la de una “marta cibellina” y de olor bueno, si bien la cubierta de pelo no es muy espesa, pudiéndose apreciar bien los rasgos de su cara”.

Enrique II desde el primer momento, toma este presente como muy valioso, pues era una rareza desconocida en la Europa de aquella época. El conocimiento de la lengua castellana del rey francés, le permite descubrir de boca del niño, que su nombre es Pedro González, que proviene de la isla de Tenerife y que su padre era un jefe tribal de los antiguos guanches. La mentalidad en el París del siglo XVI, relacionan el aspecto de muchacho con la del mito del “buen salvaje”, proveniente de unas islas en medio del Océano Atlántico que reforzaban tal concepto.

 Enrique II se propuso, desde el principio desterrar el lado salvaje del niño, he inculcarle una buena educación y costumbres sociales refinadas. En 1551 se encarga la custodia y cuidados del muchacho a Francois Vacheri con el título de “gouvernement du saulvaige du roy nostre sire” (gobernador del salvaje del rey nuestro señor), con una asignación mensual de manutención de 50 sous de plata al día. Pedro González fue instruido en humanidades y latín, lengua que se consideraba la mas alta expresión de cultura, sólo reservada para la aristocracia y por ende saberla hablar perfectamente era sinónimo de prestigio social. Cuando tiene 19 años Don Pierre sauvaige, nombre afrancesado de Pedro y el agregado de “salvaje” con el que seria conocido en palacio, llega a un estatus social envidiable dentro de la corte, no solo por concederle el rey el puesto de “somelier de panneterie bouche du roy” (servicio de boca del rey), puesto reservado para los nobles de mayor rango y con un sueldo de 240 Libras anuales, sino por reclamar el derecho de la anteposición del “Don”, en su nombre, por ser descendiente de un jefe tribal.

 En 1573 Don Pedro González se casa con una bella parisina de la que sólo se sabe el nombre Catherine, y que muy posiblemente fuera dama de compañía de la reina Catalina de Médicis. De este matrimonio nacerían 6 hijos, tres niños y tres niñas, Madeleine, Enrique, Françoise, Antoniette, Horacio, y Ercole. Sólo en dos de sus hijos no se repitió la enfermedad, fue en los casos de su hija Françoise y el de su hijo Ercole, este ultimo fallecido en los primeros años de edad y hay constancia que la Hipertrichosis, también afecto a sus nietos. De estos años hay varias pinturas y grabados de la familia. Sirva de referencia los cuatro cuadros de cuerpo entero que se encuentran en el Castillo de Ambras, en Innsbruck, Alemania, donde se representan  a Don Pedro González su esposa Catherine, sus dos hijos Madeleine y Enrique o los grabados que se encuentran en el Nacional Gallery of Art de Washington. Como curiosidad sobre estas pinturas debemos decir, que los óleos que se encuentran en Ambras han prestado su nombre para la enfermedad de Hipertrichosis, conociéndose también como “síndrome de Ambras” a esta afección, por los retratos de Don Pedro y su familia. A la muerte de la reina Catalina de Médicis, el Duque de Mayenne cede a tan singular familia al duque de Parma, Ranunccio Farnese, y es aquí cuando Don Pedro González y su familia comienzan su etapa en Italia.

 La vida de Don Pedro y su familia transcurre en esta época, con los mismos privilegios que en la corte francesa, pero mas discreta desde el punto de vista cortesano, siendo los miembros de la familia todo lo discreto que su enfermedad le permita, pues para Don Pedro siempre fue una prioridad, el guardar la dignidad de su familia y la suya frente al estigma de parecer un “salvaje”, razón por la que nunca quiso estar ocioso en la corte, por el mero hecho de ser una atracción curiosa, si no que quiso ganarse su sustento con los cargos que se le encomendaron en palacio. Precisamente fue uno de sus hijos varones y tan velludo como su padre, quien conseguiría por fin en 1608, que él y su familia gozaran de un retiro lejos de las miradas curiosas de palacio y ser la atracción de duques y reyes debido a su afección. Enrique, el segundo hijo de Don Pedro logra convencer, con un plan bien premeditado a su “dueño” en aquel momento, en Cardenal Odoardo Farnese, hermano del Duque de Parma, quien tiempo atrás había pedido a su hermano le cediese la custodia del segundo hijo “velludo” de Don Pedro. Enrique González, consciente del amor que el Cardenal Odoardo sentía por la naturaleza, le hace creer que él es también nacido en las Islas Canarias y por lo tanto tan “salvaje” como su padre y los deseos de reencontrarse en un medio natural que le recordara a sus orígenes isleños.

De esta época es una pintura que recrea a Enrique González con una prenda netamente de los antiguos pobladores de Canarias, el “tamarco”, con lo que queda claro que Enrique, con el conocimiento de las costumbres de sus antepasados, seguramente por tradición oral de su padre Don Pedro, el cual siempre se sintió orgulloso de su origen guanche, hizo creer a su señor, su nacimiento en las islas. En el pueblo de Capodimonti donde Enrique González se instala con el pretexto de que aquel lugar le evocaba su país natal. Terminaran apaciblemente los días de la familia González “Piloso”, agregado este italiano que fue sustituido por el “saulvaige” francés y menos despectivo. La muerte de Don Pedro González en 1618 con 80 años en Capodimonti, marcará el final de una historia asombrosa, determinada por la rara enfermedad de la Hipertrichosis o síndrome de Ambras.

                                                         Fernando Hernández González

Los chasneros guaxit.


Ilustración: Josúe Cabrera






Uno de los aspectos históricos menos conocidos de la conquista militar de Tenerife, fue el cometido de loschasneros Guaxit (alzados) en la lucha por la libertad de sus comarcas desde las montañas. Su determinación a no rendirse antelos invasores, creó en la incipiente sociedad colonial más de un quebradero de cabeza, llegando incluso atemer bien entrado ya el siglo XV nuevas insurrecciones por la gran cantidad de chasneros que habitaban en las sierras.

Este fenómeno de rebeldía nativa lejos de terminarse a la muerte de Ichasagua en 1502 como en principio pensaron
los invasores, fue creciendo en número con las aportaciones en años posteriores de esclavos moriscos y Guaxit desterrados de otras comarcas como veremos más adelante.

A esto hay que sumar el escaso conocimiento de las autoridades coloniales del terreno y el poco apoyo que recibían de la población nativa, asentada en los caseríos, a delatar a sus hermanos de sangre, incluso aunque entre ellos notuvieran muy buenas relaciones.

Las escribanías del Cabildo de Tenerife de principios del siglo XV nos aportan información de los temores de los castellanos ante este fenómeno. En una de ellas, podemos leer la denuncia que ante el Adelantado hacen varios colonos.




“E luego Alonso de las Hijas e Fernando de Trugillo e Mateo Viñas e Batysta Ascaño y el Bachiller Pedro Fernándes
dixeron que denuncian e denunciavan al señor Adelantado que ay muchos guanches alçados en esta ysla e que roban los ganados y facen otros daños; que piden se faga lo que sea justicia procediendo contra ellos.Muchos esclavos guanches que se huen andan alçados cinco o seis años entre los libres, porque como todos son de una nación y biven en los campos e sierras acógense y encúbrense unos a otros, y esto házenlo tan sagazmente, de más de ser la tierra aparejada para ello, segund los barrancos de malezas e cuevas y asperujas que no se puede saver sino por presenciones. Especialmente por que es jente que aunque unos a otros se quieran mal encúbrense tanto e guárdense lo secreto que antes morirán que descubrirse y tienlo esto por honra y este estilo tenían antes que la dicha isla se ganase y todavía les ha quedado, pues saberlo dellos por tormento es inposible aunque los hagan pedaços por que jamás portormento declaran verdad y por ser de esta condición e manera es gente muy dañosa…muchos esclavos guanches e negros e moriscos de los vezinos e moradores de la dicha isla se an huido e ausentado e huyen de cada día e se han andado e andan por las sierras e montañas un año e dos e cuatro e cinco e más tiempo…”
Continuando con su denuncia, ponen de relieve, como los Guaxit desterrados en diferente comarcas por delitos
de hurto de ganado a los castellanos, se unen a los chasneros en las montañas agravando el problema al incitar a la población nativa que estaba avecindada a sublevarse.


“Las Hijas y Valdés dijeron que hacían saber al sr. Ad. y sr. Ldo. como en esta isla eran venidos y
estaban muchos guanches así de los que fueron desterrados por delitos que hicieron, como otros que se vinieron echados de otras partes por malhechores, los cuales no tienen haciendas y los trajeron y no trabajan, sino andan por los campos de hato en hato comiendo de los ganados, robándolos de los vecinos y aconsejando a los esclavos que se alcen y encubriéndolos; y como sean naturales y destruyen
la isla y tienen por partido de decir que la tierra y ganados eran de sus agüelos y que por aquello lo habían de comer”.

Ante este problema, al que se le suma que los Guaxit empiecen a utilizar las armas de los invasores y ante el
alarmante crecimiento de este fenómeno de resistencia nativa, los regidores deciden tomar cartas en el asunto como reflejan las actas del Cabildo de Tenerife del año 1513.


“Estaba informado de que en esta isla hay muchos hombres de pelea guanches [...] que facen daño a los
ganados e haciendas de los vecinos, andando como andan de contino en el campo habitando fuera de poblado, lo que está informando que cometen [.... e los alguaciles no los pueden prender...por andar armados de lanza e de las espadas y otras armas”.

En los acuerdos del Cabildo de 1514 se deciden imponer a los vecinos de los pueblos al pago del sostenimiento
de las cuadrillas conocidas como “guancheras” integradas por conquistadores y nativos, cuya finalidad era combatir y capturar los chasneros en su terreno.


“[...]  Al pago están obligados todos los vecinos por estar como están todos los caminos tapados y las montañas llenas de muchos alzados y ladrones, que si no se remediaba se perdería la isla y todos han acudido con el repartimiento del dinero que les cupo pagar [...]”

La escasa incidencia de estas medidas tomadas por los conquistadores, deciden endurecer las penas contra lossublevados Guaxit. A las penas menores de destierro a los que cometían hurto de ganado, se imponen nuevas como las de horca, amputación de las orejas o azotes a los chasneros capturados en las incursiones de las “guancheras”. En los
acuerdos del mismo año de 1514 se recogen estas disposiciones que con el tiempo se ampliarán para combatir cualquier manifestación de la cultura nativa.

“[…] Que he visto el mucho daño en la isla de los esclavos, que cualquiera esclavo que se huyere desde hoy
en adelante, que muera por ello, y si fuere muger que le den cien azotes y la echen de la tierra”.
Pero la determinación y combatividad de los chasneros Guaxit, lejos de amilanarse por estas disposiciones, en su empeño de luchar contra los invasores de sus comarcas, hacen desesperar a las autoridades coloniales por los escasos resultados de sus decisiones para hostilizar a los sublevados y deciden recurrir a los Reyes Católicos para acometer la tarea de exterminar el problema cada vez más creciente. En la carta del Cabildo de Tenerife, enviada a los Reyes Católicos, podemos hacernos una idea de la impaciencia y temor que demostraban por el asunto.


“Otrosí suplicamos a V.M. haya remedio en los continuos hortos, e robos de ganados, e colmenas, e otras cosas del campo que se facen en esta isla, porque como la tierra es demasiadamente fragosa, los naturales de ella, e de otras islas comarcanas son muy ligeros, e usados de andar por los riscos, e asperezas, e peñas, por donde los castellanos les es imposible andar; y ellos se hacen señores de todos los ganados, y los comen e matan de ellos los que quieren, más que los dueños. Los vecinos no los pueden sufrir, y en ninguna manera la justicia los puede prender. Así los dueños de los ganados de esta isla, querrían que hubiese en ello justicia, e hermandad, conforme a la hermandad vieja de Toledo e Ciudad Real”.

La combatividad de los chasneros siempre fue un problema para las autoridades coloniales, hasta mediados del siglo
XVI, llegando incluso las mismas a recomendar a los viajeros extranjeros no subir al Teide por el peligro de perder la vida a manos de estos rebeldes.

Si bien es cierto que los chasneros nunca fueron derrotados, las continuas razias de “guancheras” y la presión a la que se vieron sometidos, fue mitigando con el pasar de los años, la determinación y el ímpetu de lucha de los primeros momentos del siglo XV. Integrándose en las nuevas sociedades, pero manteniendo la altivez y el orgullo de quien se
sabe nunca fue sometido. Su lucha tenaz contra el invasor le valió el recuerdo en la memoria de la tradición oral de nuestros mayores como gente dura y aguerrida; de ahí el famoso dicho de “A chasnero y cochino, nunca te le atravieses en el camino”

                                                  Fernando Hernández González