miércoles, 18 de abril de 2012

Ángel García “Cabeza de Perro”, un pirata tinerfeño del siglo XIX.


Canarias no solo cuenta con ilustres personajes en su historia. También, es cuna de famosos delincuentes que dejaron su impronta en tierras de Latinoamérica. Bandoleros como el popular canario Manuel García Ponce, que dejo grabadas sus andanzas delictivas en la memoria colectiva de los habitantes de la isla de Cuba o corsario como el no menos famoso Amaro Rodríguez Felipe, apodado “Amaro pargo”.


Pero hoy queremos traer la historia del controvertido pirata Ángel García “Cabeza de Perro”.

 El apodo "Cabeza de Perro” le fue dado por unos característicos rasgos físicos; grueso y rechoncho, de nariz chata, ojos pequeños y hundidos, boca larga con separados dientes, cabello trigueño y cabeza muy abultada a la vez que deforme, con enormes protuberancias, razón por la cual usaba ceñidor y capucha de color negro al objeto de cubrírsela.

El libro del cronista Carlos García, "Historias y añoranzas de la antigua ciudad" relata que la constancia de que en las costas canarias abundó la piratería, tanto de bucaneros extranjeros como de canarios.
Este autor comenta que uno de los piratas de Tenerife, probablemente de Santa Cruz, fuera el conocido por el apodo de "Cabeza de Perro", cuyo nombre de nacimiento era Ángel García.

El libro indica que se dedicaba fundamentalmente "al tráfico y al robo de maderas nobles, tales como la caoba, el cedro, el sándalo y otros".

El episodio más conocido del pirata fue el asalto que, desde su barco insignia El Invencible, efectuó al bergantín El Audaz en su recorrido desde La Habana a Nueva York. En la refriega acuchilló a los tripulantes y pasajeros, excepto a una mujer y a su hijo, quienes se habían escondido; no obstante, cuando ambos fueron descubiertos los arrojó al mar, al tiempo que hundía el barco y emprendía la retirada

Después de muchos avatares y ya de regreso en su vejez a Tenerife, fue descubierto por las autoridades y pasó largo tiempo encarcelado en la prisión de Paso Alto, "en una situación de mutismo voluntario y sin relacionarse con nadie". Parece cierto que allí construyera un pequeño barco, un bergantín de juguete. El cronista apunta que, según cuentan los antiguos, "Cabeza de Perro pidió a sus verdugos que llevaran el barco como ofrenda a la Virgen del Carmen". Sigue diciendo que es probable que el juguete se encuentre en la ermita de San Telmo, en la Capital, porque allí existe, en una de las vigas que atraviesan el templo.
En los instantes previos a su ejecución pidió un habano y para demostrar su personalidad arrogante hasta el final, se atavió un pañuelo rojo en la cabeza, mientras fumaba su habano lanzó una mirada y una sonrisa irónica a la par que recibía los disparos de fusil que acabaron con su vida, en el Castillo Negro del barrio de Cabo Llanos.

También existe una rica oralidad sobre el pirata “Cabeza de Perro” tanto en el pueblecito costero de Igueste de San Andrés, como en Güimar este ultimo relacionado con un fabuloso tesoro que el pirata escondió en una cercana playa del municipio.


Cueva El Balayo


En este sentido la memoria oral sitúa la casa que está en la playa de la Cueva del Agua, en la zona denominada El Balayo, perteneciente a Igueste de San Andrés, donde parece ser que nació el pirata. En esa playa existe una cueva que almacenaba agua potable y que consumían los vecinos del lugar. Su construcción data de 1727, aunque el nacimiento de "Cabeza de Perro" se sitúa entre la segunda y la tercera década de 1800.


Cueva El Balayo


Hoy en día esta zona es de titularidad particular, concretamente del Opus Dei que las utiliza para realizar actividades y su acceso está restringido.

Recientemente, el nombre del pirata “Cabeza de Perro” volvió a salir a la luz a raíz de la publicación del libro, “La Piratería en Canarias, ensayo de historia cultural” de Manuel De Paz, catedrático de Historia de América en la Universidad de La Laguna.

De Paz dedica en su obra un capítulo a este supuesto pirata y lo hace con un ilustrativo título: “Cabeza de Perro, el Pirata que nunca existió”. Para el autor no es más que la invención de Aurelio Pérez Zamora, escritor nacido en 1828 en el Puerto de la Cruz, Tenerife, funcionario de Correos en Cuba, quien a su juicio se inspiró en la figura de Amaro Pargo para crear a este personaje en sus dos novelas publicadas “Sor Milagros ó Secretos de Cuba y Florencia” (1897) y “Personajes de Otros Tiempos” (1902).
 Manuel De Paz considera categóricamente, de que no hay constancia alguna ni en Canarias ni en América de la existencia de “Cabeza de perro” a pesar de lo característico de su aspecto y de sus afamadas hazañas. Argumentando también, que ni siquiera existen documentos sobre la supuesta ejecución a la que fue condenado, siendo desde su punto de vista que no hay prueba alguna de que ese personaje existiera realmente.

Afirmaciones que como hemos visto, entran en una clara controversia con lo que otras obras sobre el pirata se han escrito y sobre todo con la oralidad que de él queda.

De lo que si estamos es seguros en la discutida figura de “Cabeza de Perro” es que seguirá a través de los años, plagando los cuentos fantásticos sobre el fabuloso tesoro que en su día Ángel García “Cabeza de Perro” escondió en alguna recóndita playa de la isla de Tenerife.