domingo, 20 de mayo de 2012

Tras la huella oral de los antiguos.





21 de Junio, solticio de verano (altos de Arico)


 Desde que se da por terminada la conquista militar de la isla de Tenerife a finales del siglo XV, las nuevas autoridades coloniales se aplican con celo en borrar todo vestigio de la cultura nativa, para lo cual se toman varias medidas, como la de instaurar castigos físicos a la población que no se atuviera a las nuevas leyes establecidas. Esta función, aparte de crear un estado de terror mental entre los antiguos, busca desheredar de sus raíces culturales a la población originaria y así poder moldear la aculturización de la misma.

Uno de los elementos, objetivo prioritario de estas medidas, fue la lengua. Los extranjeros sabían de la importancia de un elemento que podía servir no solo para perpetuar la cultura de los antiguos, sino que a su vez sería utilizada como elemento diferenciador de las poblaciones de colonos que se asientan en la isla tras la conquista militar. De ahí que las penas por utilizar la misma fueran duramente reprimidas. Y aunque en cierta medida, estas disposiciones rindieron sus frutos, no lo fue con la eficacia que las autoridades coloniales les hubiera interesado pues la población  nativa siguió utilizando palabras de su lengua materna, legándola así a las nuevas generaciones, para seguir designando puntos de la geografía de la isla de Tenerife, así como elementos de la cultura material que han llegado hasta nuestros días, aunque conservadas muchas de ellas desconociendo su significado original, o como veremos más adelante, cierta  aproximación a su sentido ancestral.

Afortunadamente estos vocablos han llegado a nuestros días, gracias a la oralidad de nuestros mayores, verdaderos detentadores de nuestra cultura. Este ejercicio de preservar la memoria de los antiguos se pueden considerar sin lugar a dudas como actos de heroísmo por su parte y que, en muchos casos, no lleguemos a conocer los padecimientos que muchos tuvieron que soportar por conservar algo que estimaban como parte suya. Aunque pensemos que la represión fue cosa del pasado y las circunstancias que le toco vivir a los antiguos, la aculturización siguió perpetuando su sistema represivo hasta épocas no muy lejanas en el tiempo. Todavía a mediados del siglo XX la iglesia católica con el favor de las autoridades franquistas  se aplicaba con sádica saña en proscribir ciertas prácticas heredadas de nuestros antepasados en el sur de Tenerife tachándolas de costumbres paganas, cuando no aplicaban otros métodos como la tortura física a los individuos, muchos de ellos cabreros, que cometían, desde su punto de vista religioso, actos tan deplorables como  hacer “juramentos por el sol” o no ir a misa con frecuencia, motivos por los que el párroco de turno les denunciaba a la guardia civil para que estos infligieran castigos ejemplares a los culpables, con métodos tan expeditivos como la de clavarles astillas de caña debajo de sus uñas, previamente calentadas al fuego, o practicarles pequeños cortes en la oreja para después cubrírselas con sal, para rendir  su voluntad a los deseos del cura.

He podido recoger en el sur de Tenerife mucho de estos casos, especialmente en el pueblo de Güimar, donde las autoridades eclesiásticas persiguieron con ahínco a muchos cabreros que pastoreaban su ganado en los altos de Anocheza, en la comarca de Agache, pero que jamás renunciaron a sus tradiciones ancestrales, a pesar que ya siendo viejos las huellas de esas torturas a las que se vieron sometidos, eran patentes en las deformidades de sus dedos aunque  su mirada conservo siempre la altivez de quien nunca se supo vencido.

DOS REFERENTES DE LA TRADICIÓN ORAL DE LOS ANTIGUOS

 Rescatar del olvido la oralidad de nuestros antiguos, afortunadamente, es una tarea a la que se aplican varios investigadores actuales preocupados e implicados para que esa memoria no se pierda en las brumas del olvido. El conocer el origen de estas tradiciones es transcendental para poder verificar la supervivencia de nuestra cultura ancestral al tiempo de que se rinde tributo a todos aquellos mayores que guardaron en su memoria el legado de los antiguos. La búsqueda de nuestras raíces me llevo hace años a descubrir dos retazos de esa reminiscencia nativa conservados por dos de nuestros ancianos del sur de Tenerife, don Pedro Hernández apodado “Viterio” cabrero de Chirche, Guía de Isora y de seña María Armas del Poris de Abona, Arico.
A don Pedro “Viterio” lo conocí en 1996, mañana de un sábado en la que me había desplazado hasta el pueblo de Chirche buscando los conocidos como grabados de Aripe. Después de preguntarle por la ubicación de los mismo, don Pedro me indico que desconocía que hubiera “machangos” en las piedras por allí y a continuación me ofreció tomarme un vaso de vino a lo que accedí encantado.  Estuvimos con una animada conversa sobre muchos asuntos hasta que en medio de ella me dijo que ya que veía que me gustaba la historia de los antiguos, el sabia una oración en la lengua de ellos, que usaba para dar gracias al sol en las mañanas. Me dijo la oración, que yo anote junto con la traducción que él le daba a la misma y que dice así:

“Tanemir uhana gek Magek enehana benijime harba enaguapa acha abesan”
“Gracias poderoso sol por salir un día más para alumbrar la noche”

Ni que decir tiene que me sentí feliz por este descubrimiento y conocer a una persona como don Pedro, el cual después de hacerme un guiño con el ojo mientras sonreía socarronamente me confesó que estuviera tranquilo, pues el si sabia donde estaban los “machangos” de las piedras y que me llevaría para verlas…

Llegue a seña María a través de los vecinos del pueblo del Poris, mientras buscaba historias de brujas en Arico en el año 1998. Me dijeron que esta señora que por aquel entonces tenía 95 años, conocía relatos de esta índole, aparte de ser muy conocida por sus rezados para curar toda suerte de males. Cuando llegue a la casa donde vivía con su hija, me atendió con esa amabilidad de las gentes de nuestros campos y se sentó a relatarme, con una memoria asombrosa, vivencias de su Arico natal, cuentos de brujas y santiguados. Cuando estábamos hablando sobre este último asunto, los santiguados, me comento que ella se recordaba una endechita que se utilizaba para plantar que provenía de los antiguos. En un primer momento pensé que la endechita seria en castellano, pero para mi asombro, seña María Armas no solo recordaba esta suerte de oración para atraer las buenas energías, sino también una traducción aproximada al castellano. Dice así:

“Guaxate hequei adei acharan afaro yafana haxaran”
“Señor cuida el grano bajo tierra para que crezca”

Seña María nunca fue consciente de su papel como detentadora de esta joya de la tradición oral, aunque como me dijo, hasta los años treinta del pasado siglo era común utilizarlas para “santiguar” las tierras de cultivo. A tenor de las indagaciones realizadas con una nieta de seña María, la cual tuvo el acierto de recopilar gran parte de las tradiciones que ella conservaba en la memoria, quedan muchos más elementos de la tradición nativa que pueden arrojar datos sobre las creencias de los antiguos.

Recreación de un ritual de siembra. (Aut. imagen Josué Cabrera)





Estas dos oraciones fueron posteriormente estudio de análisis por parte del filólogo e historiador D. Ignacio Reyes, www.terra.es/personal5/ygnazr/, constatando en ambos casos una aproximación bastante acertada sobre la traducción que le atribuían a las oraciones, don Pedro y seña María.



CONTINUIDAD EN EL TIEMPO


Las pesquisas en este sentido seguirán proyectándose en el futuro con nuevas aportaciones de los diferentes investigadores y colectivos culturales que actualmente desarrollan su trabajo, paciente y desinteresado, en las distintas islas para la recuperación de nuestra herencia nativa.
Una labor tendente a que las nuevas generaciones tengan las herramientas necesarias para la reconstrucción de nuestra identidad como pueblo.  Actualmente la pervivencia de estas prácticas tienen asegurada su continuidad a través de los diferentes colectivos culturales que las utilizan en sus escenificaciones de rituales nativos y de su difusión en los medios de comunicación, para que podamos disfrutar a nivel personal y social, del legado oral de los protagonistas sin ellos saberlo como lo fue don Pedro Hernández “Viterio” y seña María Armas, verdaderos detentadores de nuestras raíces ancestrales.
                                                           
                                                                               Fernando Hernández González