domingo, 23 de diciembre de 2012

El final del ciclo...











 “-La fuerza, en la defensa de nuestras costumbres, no está en las armas Guabinque-, dijo con vocavernosa.


-Los antepasados te dicen que cada uno de nosotros, tenemos nuestros destinos grabados en las estrellas. Ya se ha cumplido nuestro tiempo. Tú debes cerrar la puerta y guardar la memoria, para que cuando se reanude el ciclo, los hijos de tus nietos vuelvan abrir el acceso y recuperen el recuerdo de nuestro pueblo y no se sientan huérfanos, pues tendrán en ella raíces tan profundas y fuertes como los balos que crecen en los barrancos-.


El canco tomo aire y prosiguió hablando.


-Tú fuerza está en la palabra Guabinque y debes estar atento, pues vendrá a tu encuentro dentro de muchas lunas. La reconocerás pues la palabra voz con la que se conocerá, encierra la fuerza de las vivencias de toda la tierra de Guina-“.


Con este pasaje de la novela “Taucho la memoria de los antiguos”, se podría definir los sentimientos que bullían en las poblaciones nativas por los acontecimientos que sucedieron a la llegada de los castellanos y la posterior conquista militar de las islas Canarias. Unas consecuencias traumáticas por las que tuvieron que pasar las poblaciones nativas, que fueron desheredadas de su cultura ancestral para mediante el terror y la aniquilación física conformar un modelo de populación más acorde con los intereses de los colonos. La tradición nos cuenta que estos procesos se vivieron como el fin de un ciclo donde no todo los habitantes nativos fueron consciente de ello.


La perdida por aquella época de un elemento importante en su cultura como fue la espiritualidad, desencadeno bastantes trastornos sicologicos en la mayoría de la población, que no supo encausar la a culturización en la que se vieron inmersos. En los últimos años de la conquista militar, la población nativa empezó a utilizar los elementos de culto con un fundamento meramente de repetición de conceptos pero sin la profundidad que estos rituales tenían antaño, hasta convertirse en meras escenificaciones. Esto facilito en parte la labor de los conquistadores a la hora de imponer su dogma religioso, introduciendo conceptos que no estaban en las creencias nativas. 


Donde hasta entonces la espiritualidad se vivió de forma sencilla, asequible y comprensible para todos, se torno en dogmatica y jerarquizada induciendo a la población a  perder los valores que adquirieron con los antiguos cultos como la coerción de la comunidad para apoyarse y cuidarse mutualmente frente a la adversidad, ser capaces de poder conectar con la verdadera esencia que nos alienta desde el instante que nacemos o como lo definiría mi abuelo, “la espiritualidad de los antiguos era la sabiduría de escuchar más allá de la voz y llegar a lo más hondo de lo que nos quiere decir las situaciones de la vida, para poder hacer un mundo más justo”.


No todos vivieron estos acontecimientos de la misma manera. Hubo quien comprendió que un ciclo se cerraba y en un intento de mantener la memoria se creó el concepto de TAUCHO donde se intento atesorar las tradiciones de la cultura nativa preservándolas para futuras generaciones. También se guardo memoria y se hicieron rituales por parte de las castas sacerdotales para cerrar los lugares de culto en todas las islas, pues siempre hubo la creencia que en el futuro “…se reanude el ciclo, los hijos de tus nietos vuelvan abrir el acceso y recuperen el recuerdo de nuestro pueblo y no se sientan huérfanos, pues tendrán en ella raíces tan profundas y fuertes como los balos que crecen en los barrancos”



Quizás ese cambio de ciclo, que una lejana época, pronosticaran los aberruntos en el pasado, estemos inmersos en ese cambio en todas las islas y podamos recoger la herencia ancestral, de manera consciente, determinada y confiando los unos en otros, de lo que nos tiene que acontecer como pueblo…


Feliz solticio ( Taborno) de invierno 2012.