sábado, 20 de julio de 2013

La festividad del Beñesmet








Una de las celebraciones más importantes en el calendario de las festividades de los antiguos es si lugar a dudas el Beñesmet. De marcado carácter festivo, eran realizadas para celebrar la recogida de la cosecha y dar gracias a la divinidad por la fertilidad de los campos y el ganado en general. Comenzaban a partir de día 7 de agosto con la “renovación de los fuegos” culminando el día 15 del mismo mes y eran reverenciadas en todas las comarcas de la isla de Tenerife.


En esos 9 días, en la isla se podía pasar de una comarca a otra sin que esto fuera motivo de conflicto, concertándose incluso treguas en caso de estar algunas comarcas en contienda. En esta celebración, se organizaban famosas competiciones de carácter deportivo y que en el fondo subyacía la intencionalidad de ganar los favores de la divinidad para la comunidad, representada por el participante de turno.

Asimismo, se realizaban las entregas de ganigos en las guácaras a las parejas que solicitaban unirse para formar familia, así como el reparto por auchones de las semillas ritualizadas y consagradas a la deidad, que debían ser plantadas a partir del 23, 24 y 25 de noviembre.



Los días álgidos de esta celebración, eran el día 8 y 15.



En el anochecer del día 7 de agosto comenzaba el rito de la “renovación de los fuegos”. En  las comarcas de la isla se apagaban todos los fuegos, tanto los que permanecían en los espacios sagrados como los que estaban en los auchones, pues el fuego se consideraba sacro aunque estuvieran en los hogares, por ser una representación de Magec.



En todos los lugares de culto los Samarines (hombre de poder)  que guiaba esta ceremonia durante toda la vigilia, entonaban canticos y plegarias a la divinidad, para que la luz del amanecer volviera a inundarlo todo, temiendo de que no ser así, el mundo habría llegado a su fin.



En el amanecer del 8 de agosto, después de escucharse los bucios del amanecer, los primeros rayos de sol iluminaban el fondo de ciertas cuevas destinada al culto. Por lo general los destellos  de la luz incidían en una gran piedra central grabada con motivos en espiral, que era donde se hacían las ofrendas de leche, con dos fuegos dispuestos a ambos lados y en la base de la misma. 



Interior de la cueva de Achibinico (cueva de San Blas)


Después de producirse este fenómeno,  se procedía con gran ceremoniocidad a prender todos los fuegos de los distintos santuarios, mientras que los concurrentes daban grandes muestras de júbilo con aljijides y silbos.

A continuación la población se acercaba con un pequeño ganigo y recogían las brasas que los Samarines le entregaban, para con ellas, volver a encender los fuegos de cada auchon que se mantendrían constantemente encendidos hasta el próximo año por las mismas fechas. Concretamente en La cueva de Achibinico (cueva de San Blas) el amanecer del 8 de agosto este fenómeno,  en cierta forma, sigue produciéndose a día de hoy, con la iluminación del fondo de la cueva en los primeros rayos de sol.



La culminación de la festividad se celebraba el 15 de agosto con la peregrinación a los santuarios donde se celebraban cultos a la fertilidad. 


Exteriores de la cueva de Achibinico (cueva de San Blas)


  La iglesia católica incorporo la tradicional caminata hasta la villa de Candelaria en un intento de captar la fe de los nativos hacia el nuevo culto, poniendo para ello la imagen de Chaxiraxi  que se custodiaba en la cueva de Chinguaro de Güimar, en la de Achibinico y poniéndola bajo la advocación de la Candelaria (la que porta la luz o candela) con el conocimiento que tenían los frailes dominicos de el culto nativo de la renovación de los fuegos, incluso “copiando” los dominicos la tradición de entregar fuego, pero sustituyendo las brasas por velas .



Esta superposición de cultos trajo más de un quebradero de cabeza a la autoridades eclesiásticas hasta épocas relativamente recientes, pues los peregrinos y peregrinas que acudían a estos antiguos lugares de culto siguieron realizando rituales a la fertilidad, como la de hacer el amor en las cercanías de la cueva de Achibinico en Candelaria o en la antigua ermita de la virgen del Socorro en el barranco y cueva de Chinguaro en la madrugada del 15 de Agosto o en el caso de la mujeres que tenían la menstruación, dejar un pañuelo con la sangre  a manera de ofrenda  y que motivo la prohibición de tales prácticas por la iglesia tachándola de paganas y pecaminosas a la par que obscenas al  atentar contra la moral cristiana.





 A día de hoy, muchos de nosotros seguimos acudiendo al pueblo de Candelaria el 15 de agosto, sin tan siquiera saber que permanecemos repitiendo la misma costumbre atávica, que en 600 años de a culturización dogmatica que el catolicismo no ha podido acabar, en cierta manera, con más de 3000 años de culto ancestral de nuestro pueblo y que sigue implícita en nuestros genes; y eso, es motivo para sentirse orgulloso de nuestras raíces hereditarias.