jueves, 19 de marzo de 2015

El general Pancho Villa y el "pajarito" que no era español










Conversando, estos días con mi buen amigo y mejor persona, el profesor Lucas Dorta, sobre las huellas de los canarios a lo largo y ancho de este mundo, muchas veces testigos de excepción (cuando no protagonistas) en mucho acontecimientos históricos acaecidos en varios países a lo largo de los siglos. 


Hablábamos de cómo el canario fue diferenciado allá donde paso y como esta diferenciación era muchas veces promulgada con orgullo o (como veremos con esta anécdota) un intento desesperado por conservar la vida. La anécdota, se la contó personalmente otro canario notable, Emiliano Díaz Castro.


Este político tinerfeño nació en Fasnia en 1901. Autodidacta, terminó sus estudios de Licenciatura de Derecho en la Universidad de La Laguna. Ejerció de Abogado. Fue  presidente de la Agrupación del PSOE de Santa Cruz de Tenerife. Elegido diputado a Cortes por la provincia de Santa Cruz de Tenerife, en las elecciones del 16 de febrero de 1936, junto a Luis Rodríguez Figueroa (Izquierda Republicana), José Vicente López de Vergara (CEDA), Elfidio Alonso Rodríguez y Félix Benítez de Lugo (Unión Republicana), Florencio Sosa (PCE) lo que da idea de la dispersión de voto en nuestra provincia, y que entre el más votado y el último que consiguió Acta de Diputado hubo menos de 6.000 votos de diferencia (de 39.500 a 33.700). En la Guerra Civil organiza junto al comunista Guillermo Ascanio el Batallón Canarias del 5º Regimiento. Se exilia en México donde fallece en 1981.


Durante su exilio forzoso en México, Emiliano solía frecuentar un café del D.F donde acostumbraban reunirse muchos emigrantes canarios de cierta edad. Uno de ellos, que contaba con 90 años, le relato una anécdota que tuvo como protagonista a un canario y al general mexicano Pacho Villa.




José Doroteo Arango Arámbula, mejor conocido por su seudónimo, Pancho Villa. Fue uno de los jefes de la revolución mexicana, cuya actuación militar fue decisiva para la derrota del régimen del entonces presidente Victoriano Huerta. Originario del estado de Durango (se desconoce si era de Río Grande o de San Juan del Río), nació el 5 de junio de 18781 y murió asesinado en una emboscada en Hidalgo del Parral (Chihuahua) el 20 de julio de 1923. Durante la revolución fue conocido como "El Centauro del Norte".

Comandante de la División del Norte, fue caudillo del estado norteño de Chihuahua, el cual, dado su tamaño, riqueza mineral, y también la proximidad a los Estados Unidos de América, le proporcionó cuantiosos recursos. Villa fue gobernador provisional de Chihuahua en 1913 y 1914, aunque ejerció el poder por un periodo mayor pues dictaba órdenes al gobernador Manuel Chao, quién había sido nombrado por Venustiano Carranza.


Como gobernante Villa mandó imprimir diversos billetes, como los «dos caritas» y las «sábanas»; embargó tiendas y sustituyó a los comerciantes venales por administradores honorables, llenó el mercado de reses de las haciendas en las que intervenía; abarató los precios del maíz, frijol y carne; asumió funciones federales en materia de telégrafos y ferrocarriles; expulsó del estado a muchos españoles y fusilo personalmente a muchos de ellos, acusados de que habían ayudado a Victoriano Huerta; reabrió el Instituto Científico y Literario y decretó el establecimiento del banco del estado.




Parece ser que el general Pacho Villa durante los primeros meses como gobernador fusilo a ciertos “gachupines” (nombre que recibían los españoles durante la revolución mexicana) acusados de alta traición. Para ello colocaba en fila a tres reos y con su pistola de 8 tiros disparaba a quemarropa al primero, matándolos a los tres. En una de estas tandas, el último de los tres pidió a los soldados hablar con el general y este de mala gana atendió la petición del reo. Cuando Villa le increpo diciéndole que esperaba que fuera por un buen motivo su suplica, este le dijo lo siguiente.


-Mi general, usted me puede matar si quiere, pero le hago de notar que yo no soy español. Soy canario, nacido en unas islas que están al lado de África-.


Villa lo miro fríamente y le dijo socarronamente.


-¿Y qué pinche país es ese, que las personas tienen nombre de pájaro, cabrón?


El reo saco fuerzas de donde no tenia y le contesto con voz trémula.


-Si usted tuviera a bien darme la oportunidad de demostrárselo, le pido una bola terráquea.


Pancho Villa acostumbraba hacerse acompañar de periodistas y de intelectuales, como el escritor estadounidense John Reed y el periodista mexicano Martín Luis Guzmán, autor de “La sombra del caudillo”, quien inclusive fue su secretario durante un tiempo.





Así que, frunció el seño y ordeno se le trajera lo que el condenado pedía, no sin antes advertirle que si le estaba mintiendo lo desollaría con un cuchillo de matar reses.
Trajeron la bola terráquea y su secretario verifico donde estaban las Islas Canarias que le señalaba el condenado.



Después de un silencio sepulcral, Pacho Villa ordeno que lo apartaran de los reos y le dijo.


-Lejos están esas islas de la España. Casi cometo una injusticia contigo haciéndote pagar la culpa de los gachupines, pajarito-.


Desde aquel día, “el pajarito” como fue “bautizado” por Villa, no solo conservo la vida por muchos años sino que se incorporo a su ejército, no olvidando jamás,  el lugar donde nació.