miércoles, 22 de abril de 2015

Identidad





La identidad es el conjunto de los rasgos propios de un individuo o de una comunidad. Estos rasgos caracterizan al sujeto o a la colectividad frente a los demás.

La identidad también es la conciencia que una persona tiene respecto de sí misma y que la convierte en alguien distinto a los demás. Aunque, muchos de los rasgos que forman la identidad son hereditarios o innatos, el entorno ejerce una gran influencia en la conformación de la especificidad de cada sujeto.

En este sentido, la idea de identidad se asocia con algo propio, una realidad interior que puede quedar oculta tras actitudes o comportamientos que, en realidad, no tienen relación con la persona.

En Canarias, desde la finalización de la conquista militar de las islas, este hecho es más que palpable por la imposición cultural que los colonos ejercieron sobre la sociedad nativa.

La conquista de las islas, no solo despoja al nativo de su entorno geográfico y propiedades materiales; la imposición también trasciende al ámbito espiritual, arrancándole su esencia ancestral y obligándole a reconstruir su identidad como ser humano, mirándose en el espejo de aquel que te somete por el uso de la fuerza.

Hoy en día en Canarias, esta aculturización es más sutil. A las celebraciones ajenas a nuestra cultura como pueden ser ferias de Abril, fiestas de la cerveza y Hallowen, se unen concepciones neohippies como que somos ciudadanos del mundo, afirmaciones estas que curiosamente suelen ser pronunciadas por muchos extranjeros –y muchos canarios, todo hay que decirlo- que te importan usos y costumbres culturales de su país de origen, pero que te niegan sistemáticamente las tuyas.

Conocer otras realidades culturales son enriquecedoras, pero siempre que este conocimiento no venga impuesto con una finalidad alienante y en detrimento de tus propias raíces culturales en aras del discurso vacio de “soy ciudadano del mundo”, puesto cada persona tiene derecho a conocer su pasado para defender su identidad, frente a la cacareada globalización.

Al fin y al cabo, somos la esencia de los que fueron antes que nosotros.

Por ello debemos enseñarles a nuestros hijos e hijas, que frente a los “ciudadanos del mundo” y sus culturas, esta nuestra realidad ancestral como pueblo, a la que debemos conocer para no sentirnos huérfanos sobre nuestras raíces identitarias.

Hace tiempo, escribí este relato dedicado a mis hijos, que hace referencia a las consecuencias de la pérdida de nuestra identidad como pueblo.

La historia está basada en un hecho real recogida en la documentación de los mercados esclavistas en España, donde muchos antiguos canarios fueron vendidos y nos enseña que la perdida de los marcos culturales solo puede traer dolor existencial. La historia que he literado, recoge las vicisitudes de un guerrero palmero que fue vendido en Sevilla y después de bautizado fue liberado de su condición de esclavo, pero con la prohibición de regresar a su tierra. Una historia, que a mi particularmente, me hizo reflexionar…



Lo titule “Quiero volver a ser Airam”.



QUIERO VOLVER A SER AIRAM


Como cada mañana, desde hacía mucho tiempo, Juan Palmero permanecía en el centro de aquella plaza sevillana, esperando que algún transeúnte le dignara prestar atención a sus peticiones.

Su aspecto era lamentable. Su camisa, otrora de blanco algodón, lucia sucia y apestaba a demonios. Sus pantalones de lana a media pierna, con múltiples remiendos tenían idéntico tufo que su camisa. Descalzo, con seis naranjas en su mano, su cara demacrada y con su pelo enmarañado, completaban el cuadro desolador de su persona.

-¿Caballero, señor usted verme hacer asombrosas cosas quiere?- Decía con un rudimentario castellano y acento extraño para los sevillanos, mientras estos, le dirigían miradas de desprecio.

Juan Palmero los veía pasar con su cara desencajada y ojos vidriosos, desesperado porque algún caballero sevillano se parara a su reclamo.

Un grupo de hidalgos, que venía en su dirección, entre carcajadas repararon en su paupérrima presencia.

-¿Caballero, señor usted verme hacer asombrosas cosas quiere?- Repitió Juan Palmero con su particular acento.

Uno de los interpelados lo miro fríamente y entre risas le dijo.

-¿Ea, sucio guanche malandrín, que puedes tu mostrarnos de asombroso?

Juan Palmero eufórico por que por fin podría obtener unas monedas, le relato como con las seis naranjas que tenía en su mano, a veinte pasos de distancia y permaneciendo en el centro de un minúsculo circulo trazado en la tierra de donde no podía salirse, esquivaría todas las naranjas que le arrojaran y que el recogería en el aire para después darle con las mismas a quien se la tiraba, por unas monedas en caridad de Dios.

Los caballeros al oír lo que aquel andrajoso les decía, prorrumpieron en largas carcajadas mientras hacían participes de sus risas a otras personas que se habían acercado al ver alboroto.

-¿Sea pues astroso, pero te advierto de que si no cumplís lo que tu sucia lengua dice como es costumbre en los de tu raza, os hare azotar por embustero?-

Juan Palmero trazo un círculo en la tierra y dispuso a los veinte pasos al caballero que le lanzaría las seis naranjas convenidas.

Los asistentes pudieron ver atónitos como Juan Palmero, con quiebros y esquivos de su cuerpo sin salirse del círculo, mientras agarraba las naranjas en el aire para volverlas lanzar contra quien se las proyectaba.

Cuando hubo terminado, la muchedumbre que se congregaba para ver aquel espectáculo de destreza aplaudió la hazaña de aquel salvaje andrajoso, ante el asombro de los caballeros que habían tratado con él.
Juan Palmero se apresuro, con la cabeza gacha y extendiendo la mano sumisamente, a reclamarle a los hidalgos lo convenido.

-Que pena dais, guanche andrajoso, que los de tu raza no sirváis más que de bufones de feria- Le dijo mientras le tiraba a sus pies unas monedas, que Juan Palmero se apresuro a recoger.

A la caída de la tarde, Juan Palmero, después de haber comido algo que los frailes repartían de las sobras del convento, a los que como él no tenían nada en esta vida, se encaminaba presuroso a un tugurio donde cambiaba las monedas que apañaba vendiendo su habilidad por jarras de aquel liquido que los castellanos llamaban vino. El mismo vino con el que pretendía, día tras día, olvidar por unas horas su miserable existencia en aquel país extraño, donde hace unos años había llegado como esclavo y que después de ser bautizado bajo el mismo Dios de quienes lo habían comerciado como cautivo, había alcanzado la libertad por su condición de cristiano.

Tembloroso, bebía con avidez los primeros vasos. Queriendo aplacar aquella extraña sensación de sed que nunca se saciaba.

Cuando ya había anochecido, Juan Palmero, en aquel oscuro rincón de la taberna alumbrado por unas tintineantes velas de cebo, había bebido más de la cuenta y los síntomas de su embriaguez se hacían patentes.

Y aquel vino, lejos de hacerle olvidar su dolorosa existencia, se la acentuaba con el recuerdo de su pasado.

-Yo soy un valeroso guerrero Awara de la comarca de Tenagua- Decía en una enredada por el alcohol lengua nativa, mientras se tambaleaba al ponerse de pie.

Los que allí estaban lo miraban con una mezcla de burla y desprecio, sin entender la extraña lengua que aquel desecho humano farfullaba.

Uno de los sevillanos que se encontraban en aquel cuchitril, mientras miraba de reojo a Juan Palmero, interrogo al tabernero.

-¿Como es que estos sucios salvajes entren donde estamos cristianos viejos, mesero?- Le dijo mientras se incorporo ante la atenta mirada de los demás.

-Vos, guanche de baja estofa, iros si no queréis que os saque de aquí a patadas- Le grito a Juan Palmero, mientras este se acercaba tambaleándose hacia el sevillano.

-Tú no eres hombre de valor para mi persona, demonio- Le dijo farfullando su lengua nativa Juan Palmero, mientras el sevillano lo agarraba por los pelos y lo tiraba al suelo.

-¿Como osas, sucio bastardo, dirigirte a mí en tu salvaje lengua?-Grito el sevillano, mientras le daba una patada en la cara a Juan Palmero, que intentaba incorporarse en ese momento.

Juan Palmero cayó nuevamente al suelo, sangrando profusamente por la boca, mientras era arrastrado por el sevillano hacia la puerta de entrada y de un brusco empujón lo lanzaba a la calle.

-¡¡No volváis a entrar sucio salvaje, o probareis el temple de mi espada!!- Le vocifero antes de cerrar la puerta de la taberna.

Comenzó a llover serenamente, mientras Juan Palmero busco a rastras una pared donde apoyarse. La lluvia dio paso a un lodazal, mezcla de desperdicios y orines, donde Juan Palmero yacía sangrando.

Entre aquella inmundicia donde se recostaba bajo la lluvia, su pensamiento voló por unos instantes al pasado…

Y se vio a sí mismo, en varios instantes de su vida pasada. Jugando con sus dos hijos pequeños, Adejare y Algusega, bajo la tierna mirada de su mujer Dehelire, a los que había visto morir a la llegada de los extranjeros a su tierra. Con sus amigos, sus celebraciones, los campos de Awara…

Y comenzó a llorar lastimeramente.

Se puso de rodillas y con voz agarrotada entre sollozos, increpo al cielo en su lengua materna con los puños cerrados.

-¡¡Aboraaaaaaaaaaa!!-

-¡¡ ¿Por qué?!!-

-¡¡Quiero ser yo otra vez, por favor, quiero despertarme de esta pesadilla!!-

-¡¡Quiero volver a ser Airam…Quiero volver a ser Airam…!!-

Gritaba desconsolado, mientras se ahogaba en sus propios vómitos…






sábado, 18 de abril de 2015

Santiguadoras en Canarias










Ni la Inquisición ni las numerosas barreras impuestas a los naturales de las islas, pudieron borrar muchas prácticas curativas, cuyas raíces son una mezcla de creencias nativas y sincretismo católico.

La medicina de los curanderos y santiguadoras en Canarias estaba relacionada con los recursos y medios que encontraba a su alrededor y con esa mirada a reojo a través de signos y rezos.

La necesidad para curar sus enfermedades, sincretizándola para evitar a las autoridades religiosas,  junto a la poca confianza que les daban los conquistadores y sobre todo ante la aparición de nuevas epidemias y plagas, que año tras año dejaban los visitantes y transeúntes, dan como resultado la aparición de estas prácticas tal y como las conocemos hoy en día.

La mezcla de culturas hace que el curandero y santiguadoras en Canarias,  se le vea como una especie de nigromantes, al que se le relaciona con las antiguas creencias isleñas que dejaron su huella en la toponimia de nuestra isla, como son los bailaderos de las brujas.

 En especial las autoridades eclesiásticas hicieron especial hincapié en las mujeres, inculcando la creencia de que las antiguas nativas se dedicaban a hacer aquelarres bailando en torno a una hoguera, para posteriormente bañarse desnudas en el mar. Y son estas la que más protagonismo tiene en paliar los padecimientos de una población que no termina de asimilar las nuevas creencias impuestas, pero utilizan los elementos de catolicismo para evitar la inquisición, de ahí nace la santiguadora, aquella que cura con el poder de la palabra a diferencia de los curanderos, desempeñado este magisterio normalmente por hombres, que utilizan más, los conocimientos de plantas para tratar sus pacientes.




Las hechiceras, fueron otra parte importante en las creencias de nuestras islas, y que suele confundirse con las santiguadoras, salvo que en este caso, las hechiceras facilitaban por medios mágicos la satisfacción de los deseos que la población tiene en materia de amores y de adivinación del futuro del individuo en general.

La frecuencia de las visitas a nuestros campos de la Inquisición o de los delegados episcopales en los primeros años de la conquista, encuentra sin duda una razón en la gran preocupación que se tiene por las actividades y prácticas de la población nativa en general y mujeres en especial, por lo poco asimilada y siempre proclive a renegar de las nuevas creencias.

No debemos olvidar la importancia de la mujer en la transmisión de la cultura popular. La mujer era una especialista del cuerpo humano, al que alimentaba y curaba. Esto suponía observar y conocer las funciones del organismo, las propiedades de las plantas, el fenómeno de su cocción. De su experiencia obtenía una cierta influencia social, un cierto reconocimiento. Por eso la persecución de las brujas, casi siempre mujeres, tiene mucho que ver con el intento de destruir la cultura popular, que mantenía vivos elementos paganos.

Las santiguadoras tienen un poder especial para curar, y los vecinos de nuestros pueblos acuden a ellos impulsados por ese sentido que hace caminar guiados por el corazón, cuando los cuerpos se ven atacados por el mal de ojo, susto, sol en la cabeza y otras dolencias y males o simplemente cuando no encuentran solución en la medicina científica.

La enfermedad que tratan las santiguadoras se considera en este ambiente mágico, no sólo como un dolor físico de nuestro cuerpo, sino también de nuestra mente, de ahí los rezos y oraciones que estas realizan a los pacientes.




Los santiguados son los hilos conductores que le transmiten el grado de enfermedad de sus pacientes. Las creencias religiosas, tanto de la santiguadora como del paciente, juegan un papel importante en el proceso.

Nuestros campesinos canarios  además de creer firmemente en brujas, espíritus y presagios, les tienen un miedo especial a los efectos del mal de ojo en plantas, animales etc., y en especial aquel que recae en nuestros niños. Sin embargo, no juzgan siempre este hechizo como un acto de maldad, sino que también creen que un exceso de cariño o admiración de las persona que lo produce, pueden provocar el mismo efecto perjudicial, que suele consistir en que se seca o muere todo aquello en lo que recae tal energía.

Las practicas de las santiguadoras siguen vigentes en nuestros campos, incluso en la ciudad, donde se recurre a ellas para sanar a nuestros hijos del temido “maldiojo” ya sea de manera física, llevando al infante o a distancia, para lo que se facilita tan solo el nombre del afectado.

Entre la muchas variedades de rezados que existen en toda Canarias para las distintas afecciones, hay algunas que podríamos denominar de uso mas común y son la base de las curaciones que realizan las santiguadoras.

Veamos algunas de ellas.


ORACION PARA QUE NO ENTRE EL MAL A LA PERSONA

   San Lorenzo subió al cielo,
   corto un plato y se rindió.
   Se puso malo, hizo la cama y se acostó.
   La Virgen Guadalupe, le rezó.
   Se puso bueno y se curó,
   al tercer día subió al cielo y está sentado.
   Así mismo te rezo yo.


MAL AIRE

Yo te santiguo en el nombre del padre (+)
del hijo (+) y del espíritu santo (+), amen.
Si tienes aire y te entro por la cabeza, que te lo quite Santa Teresa.
Si te entro por la frente, San Vicente.
Por los ojos, Santa Lucia,
y por la nariz, San Luis.


ORACIÓN PARA CURAR EL MAL DE AIRE Y EL MAL DE OJO.

Precinarse antes de comenzar el rezado.
Comienza el rezado haciendo una cruz a la persona que va a ser rezada y se va diciendo “en cruz padeció y en cruz murió y en cruz Cristo te santiguo yo”.
Señor mío Jesucristo, por el mundo anduviste,
En treinta y tres años al cielo subiste,
Muchos milagros hiciste,
Mucho a los pobres sanaste,
A María Magdalena le perdonaste,
Al santo árbol de la Cruz,
Santa Ana parió a María,
Santa Isabel a San Juan.
Le fueron a bautizar en el rio de Jordán,
Le pregunta Juan al señor,
¿Señor quien esta mas bien bautizado?
Yo señor que estoy bautizados de tus benditas manos.

Así como estas palabras son ciertas y verdaderas,
Haga por bien de quitar fuego, aire, mal aire, mal de ojo,
Que tenga en su cabeza, en su estomago, en su garganta,
En sus ojos, en su espalda, en sus coyunturas.
Haga por bien de quitar y votar al fondo del mar,
De donde a mí, ni a otra criatura le haga mal.
Y si esto no le basta, que le baste la gracia de Dios,
Que es grande Amen, Jesús.

ESTA ORACIÓN SE REZA TRES VECES.

Después se reza un credo cuando se termina el credo se dice:
Con este credo que tengo rezado y estas palabras que tengo dichas,
Se las ofrezco al señor sacramentado a la Virgen de Belén,
A la Virgen de la Caridad, que haga la caridad,
De quitar del cuerpo de (aquí se dice el nombre de la persona),
Todo mal que tenga y votar al fondo del mar,
Y que a mí, ni a otra criatura le haga mal,
Y si esto no le basta que le baste la gracia de Dios,
Que es grande Amen, Jesús.

AL FINAL SE PRECINA.





Por lo demás, en estos tiempos no faltan los amañados y charlatanes venidos de tierras lejanas, que ofician de médicos del alma, con el ánimo de hacerse ricos a costa de la necesidad de la gente; nada que ver con el magisterio de nuestras estimadas y queridas santiguadoras, verdaderas guardianas de creencias ancestrales y que reciben, por lo general como pago, los alimentos que nuestras gentes cultivan en sus campos.







miércoles, 8 de abril de 2015

Pleitos de la sociedad nativa contra Alonso Fernández de Lugo





Primera data de repartimiento, tras la conquista militar de Tenerife (1501)  



Una vez, cierto “periodista” de guachinche, dijo sobre mí y la novela “Taucho la memoria de los antiguos” que era un majadero, empecinado en cargar las tintas en un panfleto seudohistórico, para mancillar la figura auténtica del conquistador de La Palma y Tenerife, Alonso Fernández de Lugo.


Rebuznos de burro viejo aparte, los primero años después de la conquista militar de la isla de Tenerife, no fueron todo lo pacifico e idílico que nos han querido inculcar; por una parte, los chasneros (alzados) en las montañas y por otra los nativos que no habían sido reducidos a esclavitud, dieron quebraderos de cabeza a las nuevas autoridades coloniales.


Los primeros combatiendo en las cumbres de la isla contra los extranjeros y los segundos por utilizar los canales de justicia que les permitían en la época. Se sabe por los documentos judiciales de los primeros años de la colonia, que Alonso de Lugo tuvo numerosos pleitos con distintos personajes nativos. En la documentación, podemos comprobar que Alonso de Lugo más parece un pirata rapiñero que un gobernador.


Alonso Fernández de Lugo

Los delitos que se le imputan –la inmensa mayoría contra la población nativa- son variados, pero los que más llaman la atención son los provocados por el uso arbitrario de su posición como Adelantado para robar ganado, detener y vender como esclavos a sus enemigos sin fundamentos judiciales, apropiación de terrenos y haciendas con acusaciones sin pruebas…es decir todo un ejemplo de amoralidad, falta de escrúpulos y odio contra la población nativa.


Revisando documentación para mi nuevo trabajo literario, me encuentro con una de estas “perlas” de la “figura histórica” del inefable Alonso de Lugo.


En el pliego de descargo que presenta Alonso de Lugo en el juicio de residencia que le toma Lope de Sosa, fechado en La Laguna el 30 de enero de 1509, es una buena prueba de cómo se las gastaba el caballero.


El pleito se lo ponen Don Diego Díaz, hijo del Mencey Atbitocarpe, bautizado después como Diego de Adeje, y el fiel ejecutor Alonso de las Hijas. Por otros documentos, sabemos que Don Diego Diaz asi como otros naturales se la tenían jurada al de Lugo por sus arbitrariedades con la población nativa, intercediendo por muchos de ellos que no podían defenderse ante la justicia por su falta de recursos económicos y no hablar fluidamente el castellano.



Leonisa López González, descendiente del Mencey de Adeje      

La denuncia se produjo por la venta como esclavo que había hecho Alonso de Lugo de un nativo bautizado, Diego Copado; algo prohibido al estar este bateado.


El cinismo que se desprende de la declaración del propio Alonso de Lugo y sus testigos, no deja duda de la percepción de desprecio que los conquistadores sentían por la población conquistada.


En el largo pliego de descargo, el procurador de Alonso de Lugo escribe en su declaración:


“Don Diego, que se dice hijo del Rey de Adexe, es guanche e henemigo del dicho de mi parte, por lo que dicho tengo de los dichos guanches”, de lo que afirmaba en apartados anteriores que todos ellos eran enemigos suyos.


En el interrogatorio de testigos, la pregunta con el número CXXXII dice:


“Iten si conocen a Don Diego e a Sebastián (testigo, Sebastián, contra Alonso de Lugo) guanches e si saben que los dichos Don Diego e Sebastián an movido al dicho Señor Adelantado muchos pleitos en esta residencia e son sus enemigos e le tenían la dicha henemistad antes e al tiempo que vino la residencia, por que ganó la isla e les captivó e les mató sus padres, hermanos e parientes”


Los testigos que aporta Lugo responden a esta pregunta.


Alonso de Alcaraz responde: “es cierto que los susosdichos no quieren bien al dicho Adelantado por este motivo”


El vicario Fernán García dice: “que conocía a Sebastián por ser guanche e que no se acuerda del dicho Don Diego”


Bartolomé Benítez afirma: “conoce a los contenidos en dicha pregunta y sabe y vido este testigo que movieron pleito en residencia al dicho Adelantado, por lo qual y por razón del catiberio de sus padres e muertes de sus debdos que en la conquista de esta isla se hizo, cree que lo quieren al dicho Adelantado mal”


Este pleito pone de manifiesto la profunda brecha que en la nueva sociedad colonial se produjo entre los colonos y la población nativa, muy diferente a la idílica pacificación que tradicionalmente se nos ha hecho creer.


En cuanto a la figura de Alonso de Lugo, creo que el mismo se retrato en el tiempo, y esto a pesar que la historia la escriban los vencedores…