lunes, 18 de mayo de 2015

El tributo de sangre de las Islas Canarias




Puerto de Santa Cruz de Tenerife

Tributo de sangre es la denominación popular que recibió la decisión de la corona Española mediante La Real cédula de 25 de mayo de 1678, en la obligación a la población de las Islas Canarias de enviar cinco familias para poblar las posesiones coloniales españolas en el continente americano y el Caribe, por cada cien toneladas de mercancías que llevaran los barcos que tocaban puerto las islas. Si bien esta decisión, en principio, fue ejecutada con la promesa de tierras y un futuro prometedor, se torno en uno de los episodios más duros de la historia de las islas, al obligar a familias enteras a emigrar con amenazas, ante la falta de voluntarios para cumplir los cupos de mercancía de las autoridades coloniales, que no querían perder los privilegios que le reportaba esta medida.


Cartel conmemorativo de los canarios llegados a la Louisiana

Para cuando se abolió el tributo de sangre en 1778, el número de familias canarias obligadas a emigrar a las otras colonias en América y el Caribe, superó el número de familias estipuladas por el reglamento antes mencionado.

Albert Estopinal, congresista por Louisiana, descendiente de canarios

En 1684, fueron embarcadas las primeras familias canarias a América a través del tributo de sangre, habiendo llegado en ese año 97 familias a La República Dominicana.


Mapa de San Antonio de Texas y del fuerte El Alamo

La emigración hacia América estuvo prohibida para los naturales de Canarias desde 1574, para impedir la despoblación de las islas; pero a partir de la crisis agraria de finales del siglo XVII y las políticas coloniales desastrosas  con respecto a Canarias, se percibieron signos de superpoblación y pareció oportuno recurrir a la emigración forzosa para impedir por parte de la corona y autoridades coloniales, las revueltas de una población atenazada por la pobreza y el feudalismo.


El efecto fue significativo y contribuyó a consolidar la presencia de la corona española en aquellas áreas de las colonias americanas y caribeñas, amenazadas por potencias que rivalizaban con España por esas posesiones como fue Portugal, que desde el sur de Brasil amenazaban la región del Río de la Plata, o Inglaterra y Francia en las áreas al norte del río Grande y en el golfo de México y en el Caribe. La fundación de ciudades como Montevideo o San Antonio de Texas o las repoblaciones llevadas a cabo en Cuba, Puerto Rico, la República Dominicana y el delta del río Misisipi, son pruebas de la importancia que España puso en reafirmar sus derechos coloniales, frente a otros países, repoblándola con familias procedentes de las Islas Canarias.


Juan Leal Goraz, canario, primer alcalde de San Antonio de Texas


En la actualidad, en algunas áreas del delta del río Misisipi y el estado de Texas, continúan viviendo el grueso de descendientes de las familias obligadas a emigrar en el siglo XVIII, donde siguen con orgullo, conservando la memoria de sus antepasados canarios. 


Muchas de estas familias canarias contribuyeron con su esfuerzo al progreso de las nuevas tierras a las que fueron llevados, donde se forjaron el apelativo de “isleños”, sinónimo de mujeres y hombres de marcado carácter contra la adversidad.